La soledad del templo, el viento frío olvidado en el vacío de la meditación, entrenar hasta que los músculo ya solo responden por una fuerza interior que repite “otra vez”, el ayuno forzado y la autodisciplina, la soledad me deja tiempo para pensar, y poco a poco me sumerjo en mis debilidades…

  “Ante mi murió el campeón León, no negaré que sentí cierto placer al verlo caer bajo la espada del grulla. Un certero tajo que originalmente iba a matarme a mí. Sé que completé mi venganza, que ya giró la rueda kármica con la sangre del único León al que he respetado y admirado hasta hoy. Y sin embargo las heridas no se cierran, supongo que enterrar a un hijo, a una esposa, es algo que has de llevar contigo cada día del resto de una vida. 

Cada día hago más largos mis silencios, no sé si mi primo es un necio o un genio pero debo reconocer que no suelo comprender muchos de sus pensamientos. Supongo que empiezo a preferir los silencios a las conversaciones. Los últimos acontecimientos no han dejado en mí sino un profundo acopio de pensamientos que he de meditar. El abandono del Daisho por parte de Toku-sama fue más que inesperado, si bien le entiendo, el camino del monje es a veces la senda que necesita el alma, sin duda eso es algo que yo aprendí bien, pues hallé en el Tao la luz cuando más oscuros eran mis días. 

Pero sin duda alguna lo que más se repite en mis pensamientos últimamente son esos segundos en los que me preparé para batirme en duelo con Grulla-sama. Tengo la certeza de que no hubiese salido vivo de ese duelo, y sin embargo el destino así no lo quiso. Algo ha cambiado en mí. Me despierto en las noches silenciosas, me despisto en mi meditación y me pierdo en los sutras del Tao. Mi alma está intranquila, porque ya no escucho a la rueda del destino. Mis pasiones, mis debilidades, mis recuerdos, la permanente compañía en la que me encuentro me ha impedido seguir escuchando al vacío. 

Soy un samurái con un simple deber de Yojimbo, la katana de un kakita para los duelos, y el Nagakami forjado por un Akodo para la batalla, pero soy yo quien falla. La senda de Shiba, el camino de la sabiduría, comprender la naturaleza del hombre, y la absoluta dedicación al juramento ancestral de nuestra casa. No es solo proteger a Asako-sama, sino estar preparado para protegerlo. He descuidado mi sendero, aprender, estudiar, mejorar cada día, para estar preparado; el día de mi destino…”

Ruidos en el templo, alguien viene, creí que tendría días para la meditación, debe de haber pasado algo con los Tsuruchi…

Comments (1)

On 23 de enero de 2017 a las 9:10 , Shosuro Mariko dijo...

¡Enhorabuena por una entrada tan introspectiva y reveladora de las inquietudes del PJ! :)