Tras las despedidas formales de rigor y con todo dispuesto para la inminente partida de la Corte de Invierno Fénix, mi padre, Akodo Ryuden, solicita mi presencia una vez más justo antes de mi marcha. Intuyo que no será para volverse a despedir. Como así es. Acudo lo antes posible a sus habitaciones. Su presencia sigue siendo imponente y consigue llenar toda la estancia. El paradigma León… Padre quiere ponerme al día de los últimos avances en las negociaciones que me afectan directamente a mí, esto es, mi futuro compromiso matrimonial para sellar la paz con los Fénix. Por lo visto, la caprichosa princesa Imperial Otomo Yoroshiku ha decidido finalmente que Asako Kentaro, hermano mayor de Asako Matsumoto, no es lo suficientemente bueno como para convertirse en su consorte. Una amarga sonrisa irónica pugna por aflorar en mi rostro pero consigo reprimirla. Esto nos deja, dice mi padre, en el punto de partida y en la propuesta inicial: Asako Kentaro vuelve a ser mi prometido. Los detalles, relata, aún están por resolverse y me informará sobre ellos a su debido tiempo. Sé que es inútil intentar sonsacarle nada más sobre este tema, así que me limito a inclinarme ante él como muestra de aceptación y respeto hasta que mi frente toca el suelo. Al incorporarme descubro un nuevo brillo en su mirada, que se clava en la mía, adivinando mi siguiente pregunta. “-Debes partir con tus… amigos; acompañarlos. Sobre todo a tu futuro cuñado, Asako Matsumoto, y a su yojimbo, ese Shiba que porta el nagamaki forjado por tu abuelo.” No hace falta añadir nada más. “-¡Hai!” respondo.

Finalmente emprendemos la marcha hacia el sur. A ojos de un observador externo le debemos parecer un grupo variopinto: Asako Matsumoto, shugenja e ishikendo, y su yojimbo, el bushi Shiba Nabutaro. La Avispa, Tsuruchi Momoko. El Mono, Toku Buntaro, junto con su criado y la geisha que quiere llevar a su casa como sirvienta para ofrecerle una vida mejor; y yo misma, una Matsu. Todavía hace frío y la nieve sigue presente en el paisaje Fénix; aun así la certeza de días más largos y la promesa de climas más benignos según nos alejemos del norte nos hace caminar con pies ligeros.

A los pocos días, sin que nada reseñable suceda, llegamos a la ciudad donde vive el magistrado al que sirve como yoriki Asako Matsumoto, Isawa Oruko. Éste nos invita a cenar con él como agradecimiento por los servicios que le prestamos en nuestro viaje de ida hacia la Corte de Invierno, en que servimos como escoltas de los pergaminos que fueron el premio para el shugenja ganador del Festival Setsuban, en el santuario del Ki-Rin.

En el transcurso de la velada, y tras inquirirnos el Magistrado a cada uno por nuestros respectivos rumbos tras la Corte, la primera en responder es Tsuruchi Momoko, que no duda en contar con todo lujo de detalles que está determinada a dirigirse a Ryoko Owari, puesto que ciertas amistades Escorpión cultivadas en el seno de la Corte le han informado que la persona a la que persigue se encuentra allí. Esos detalles incluyen la narración de cómo sufrió la pérdida de su hijo nonato a causa de un flechazo en el vientre por parte de dicho canalla. Estupefacto por su relato, el Magistrado no duda en instar a su yoriki a acompañarla para ayudarla en su misión aunque también le indica que no podrá facilitarle documentos de viaje hasta la misma Ryoko Owari. Esto supone un giro en mi propio camino… Por supuesto, me brindo a acompañar a la Tsuruchi y al Asako en su recién adquirida empresa y a franquear el tránsito por todo el territorio León. Por su parte, Toku Buntaro guarda silencio al respecto. Más tarde nos explica el por qué de su reserva: ha decidido entregar el daisho a su familia y tomar los hábitos de monje. Por un momento nos sorprende la decisión del Toku aunque, reflexionándolo después, es cierto que nunca se le vio del todo cómodo en la Corte... Tiene que haber ejercido una profunda impresión en él para haber tomado dicha resolución… 

Partimos al día siguiente. Nuestra nueva ruta nos lleva hacia el sur atravesando tierras León para más tarde dirigirnos a las tierras del Mono y despedirnos allí de Toku Buntaro. Después, emprenderemos camino hacia tierras Tsuruchi y finalmente, Ryoko Owari..

De nuevo los días se suceden sin nada a destacar. El Shiba parece más callado que de costumbre mientras que el Asako sigue ajeno a su taciturno yojimbo…Imposible apartar de mi cabeza las palabras de mi padre. Mi misión… su imposición…

Tras un largo día de marcha, ya en territorio León cerca de la frontera Grulla, alcanzamos a ver la silueta de un monasterio. Nos apresuramos a llegar hasta él con la esperanza de poder cobijarnos al menos durante una noche bajo techado. Es un monasterio pequeño y austero. Aun así dan la bienvenida de buen agrado a nuestro numeroso grupo y no ponen reparos a que nos quedemos el tiempo que estimemos oportuno. Una vez acomodados nuestros pertrechos de viaje entablamos una conversación tan frugal como la cena que tomamos con un monje que se hace llamar “Turi”.



Partimos de nuevo al día siguiente, siempre hacia el sur. Las temperaturas se notan más agradables que cuando dejamos el palacio Gisu, en las ya lejanas tierras Fénix. En la vasta planicie por la que transitamos es fácil ver movimientos a gran distancia. Tal es el caso cuando vemos una nube de polvo en lontananza que se aproxima en nuestra dirección. Al acercarse vemos que se trata de una pequeña patrulla; los colores que se van distinguiendo son de un azul pálido. Tuerzo el gesto. Por más que sea terreno fronterizo no esperaba encontrar Grullas por aquí. La patrulla nos examina con desprecio pero no nos presta mayor atención. No les debemos parecer peligrosos. O no somos lo que están buscando.

El tiempo apacible del que disfrutábamos días atrás parece que llega a su fin. Dama Amateratsu es cubierta por densas nubes grises que amenazan lluvia. En breve comienza a llover torrencialmente. Intentamos buscar un refugio, tarea nada fácil en el terreno yermo en el que nos encontramos. Finalmente damos con una pequeña edificación medio derruida junto a un raquítico árbol. Tendrá que bastar. Al acercarnos vemos que no somos los primeros en pensar que éste sería un buen refugio. Un samurái bushi, a juzgar por su atuendo, yace inconsciente postrado contra una de las paredes que aún quedan en pie. Un León. Me acerco a la carrera adelantando a mis compañeros. Está muy malherido. Me giro hacia el ishikendo pidiéndole que por favor intente hacer algo para sanarlo. El Asako atiende mi petición pero nos informa que el bushi necesitaría cuidados mejores que los que le puede ofrecer estando al raso y con la lluvia arreciando. Aun así, los primeros cuidados del shugenja resultan ser suficientes para al menos sacar al León de su inconsciencia. Nos agradece la ayuda que le prestamos y se presenta. Akodo Arasou. Un respingo hace que me enderece de golpe para a continuación inclinarme en una profunda reverencia ante el Campeón del Clan León. Al poco vuelve a caer en la inconsciencia. “-Es lo mejor dado su estado actual.”, aclara Matsumoto.



Decidimos que no podemos permanecer en este lugar a la espera de que alguien nos encuentre, preferiblemente alguien que no sea la Grulla, y que tenemos que salir a buscar ayuda. Finalmente seremos Toku Buntaru y yo misma los que emprendamos marcha hacia el sur para tal fin. De noche. Mal que me pese, no podemos arriesgarnos a ser descubiertos por la patrulla, o patrullas, Grulla. Al caer la luz del día emprendemos carrera hacia el sur. A día y medio de viaje deberíamos encontrarnos con un fuerte León que nos preste ayuda. Corremos lo más aprisa que podemos teniendo en cuenta la oscuridad y las patrullas a esquivar. Algún que otro fuego de campamento se puede adivinar en la lejanía. Al despuntar el sol, exhaustos, buscanos un refugio a resguardo de miradas indiscretas donde descansar y pasar el día. No nos preocupamos por hacer guardias; lo mismo daría no estar descansados la noche siguiente que en manos de la Grulla.

Al anochecer retomamos nuestra carrera. No hay mayores complicaciones que la noche anterior, por lo que al amanecer conseguimos llegar al fuerte León. Agotados, logramos hablar con el bushi al mando, quien dispone de inmediato un destacamento montado con todo lo necesario para atender al Campeón herido. Le hablo de las patrullas Grulla que nos hemos encontrado en los días pasados y nos confirma que efectivamente en los últimos días ha habido avanzadillas por parte de la Grulla. Tan rápidas que no ha habido tiempo de que refuerzos León lleguen desplazados desde el sur para contrarrestarlas.

Deshacer el camino andado en estas nuevas condiciones es bastante más rápido, por lo que tardamos la mitad de tiempo en llegar. Al caer la noche divisamos las ruinas donde el resto de mis compañeros y el Campeón León están refugiados. Pero lo que encontramos al llegar no es lo que esperamos. Akodo Arasou ha muerto. No víctima de las heridas que tenía sino por el golpe final de un Grulla, Doji Watanabe. Shiba Matsumoto se apresura a relatarnos lo acontecido en nuestra ausencia. Nos cuenta cómo finalmente una de las patrullas Grulla dio con el refugio y cómo reclamaron a Akodo Arasou al que llevaban persiguiendo días desde que asaltó sin éxito la ciudad fronteriza de Toshi Ranbo. Shiba Nabutaro se dispuso a presentarse como el defensor del Akodo en singular duelo contra el capitán de la patrulla Grulla dado el estado de inconsciencia del León. Éste, al oír su nombre de labios del Grulla, despertó de su inconsciencia y se levantó haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban. Nadie iba a batirse en duelo por él mientras quedara un hálito de vida en su cuerpo…

Los eta se encargan de que el cuerpo del Campeón del León esté listo para el regreso; primero al fuerte y, después, hacia Shiro Akodo. Tras descansar lo necesario en el fuerte acompañamos a la ahora fúnebre comitiva hacia el castillo Akodo, más parecido a una fortaleza por su austeridad y su robustez.

El hatamoto de Shiro Akodo, Akodo Goemon, nos conmina a quedarnos como sus invitados durante los próximos días, invitación que no podemos rehusar por más que mis compañeros estén deseando partir. Lejos de suponer un descanso, el castillo bulle en actividad. No paran de llegar distintas delegaciones León. Vemos la comitiva de las Matsu, con Matsu Tsuko en cabeza. También vemos para nuestra sorpresa a otra comitiva que trae escoltando al monje que conocimos días atrás y que se presentó simplemente como “Turi”. Akodo Toturi, el hermano mayor del fallecido Akodo Arasou... Se trata de una reunión al más alto nivel León. Dudo que haya muchos otros lugares más seguros en el Imperio en ese momento que el propio Shiro Akodo… Entre otras también aparece una comitiva encabezada por Akodo Ryuden, mi padre. No había caído en la posibilidad de que mi padre acudiera, cosa normal por otro lado dado el rango que ostenta. El cansancio ha hecho mella en mi capacidad de pensamiento… Le hago llegar un mensaje advirtiéndole de mi presencia en el castillo para poder hablar a solas con él cuando el momento sea oportuno. Me reúno con el brevemente antes de que las conversaciones entre las distintas delegaciones comiencen. Simplemente le informo de lo acontecido desde la última vez que nos vimos y de mi próximo destino, Ryoko Owari, así como de los motivos por los que nos dirigimos allí.

Tras el breve encuentro me reúno con mis compañeros. No queda sino esperar a que terminen las conversaciones entre los León para que, previsiblemente, el hatamoto nos dé su dispensa para seguir nuestro camino. No duran mucho y a los pocos días la delegación Matsu es la primera en abandonar el castillo Akodo, con una airada Matsu Tsuko en cabeza. No entiendo muy bien lo que ocurre… Poco después nos informan de que el nuevo Campeón del León es nada menos que Akodo Toturi, nuestro anterior monje “Turi”. He aquí el motivo del enfado de la Matsu…

Poco a poco las distintas delegaciones León van partiendo y tal y como era previsible Akodo Goemon nos indica que podemos retomar nuestro camino.

Seguimos nuestra ruta hacia el sur, que nos lleva a la ribera del Río de Las Tres Orillas, por bañar tierras León, Grulla y Escorpión, siempre en permanente disputa. Sin mayores incidentes llegamos a nuestro primer destino, las tierras del Clan del Mono, hogar de nuestro compañero Toku Buntaru.

Comments (3)

On 26 de enero de 2017 a las 11:02 , Runeblogger dijo...

Mmm, ¿qué pasará cuando lleguen a su destino...?

 
On 27 de enero de 2017 a las 8:54 , Shosuro Mariko dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
 
On 27 de enero de 2017 a las 8:57 , Shosuro Mariko dijo...

Tranquilo, Runerblogger of the Runeblog; en breve habrá nueva entrada ;)