La estancia en la casa de Toku Buntaro es tranquila y apacible. Tras las presentaciones formales Buntaro se retira junto con sus padres a una pequeña sala para comunicarles la decisión que ha tomado sobre su futuro. La reunión se prolonga hasta que las sombras de los árboles del jardín se alargan sobre la casa. Finalmente la puerta shoji se descorre y salen los tres de la salita. Hay serenidad en sus rostros…
La cena y la consiguiente noche transcurren de forma sosegada. A la mañana siguiente nos preparamos para partir. Las despedidas son contenidas en nuestro anhelo por desearle la mejor de las Fortunas al que ha sido nuestro compañero durante meses.
Siempre en dirección sur, bordeamos el río de La Hora Del Lobo, llamado así por la cruenta batalla librada allí entre el Escorpión, la Grulla y el León, y en la que en una hora, la del Lobo, murieron tantos samuráis como para teñir las aguas completamente de rojo.
Una vez en tierras Avispa nuestros pasos nos encaminan hacia la villa de la Tsuruchi, Gokayama. Nos resulta chocante el no toparnos con ningún control fronterizo ni con ninguna patrulla Tsuruchi según nos vamos adentrando en el territorio de la Avispa. Tan solo heimin campesinos en sus quehaceres diarios.
Al fin llegamos a la vivienda de Momoko donde sus padres nos reciben como si de viejos conocidos se tratara. Sale primero a recibirnos su madre, Tsuruchi Ran. Al rato llega a la casa Tsuruchi Katsuro, su padre, acompañado de un samurái del clan del Zorro que responde al nombre de Kitsune Kusao. Llama la atención de este samurái el que va siempre acompañado por un hermoso gato blanco con un cordón rojo alrededor de su cuello del que pende el mon de los Kitsune. También lleva colgada al hombro una bolsa de pergaminos. Un shugenja, pues. Como toda arma, al menos visible, un wakizashi.
Dispuestos a pasar varios días antes de proseguir hacia Ryoko Owari, Shiba Nabutaro anuncia que se retirará a una pequeña capilla cercana para meditar. Vuelve a dejar solo a su protegido. Dice que no teme por él puesto que no hay de qué preocuparse... Que no hay de qué preocuparse… ¡Siempre hay de qué preocuparse! Y lo principal es la misión única que se le encomendó para con el valioso ishiken-do... Desatender su giri tan a la ligera… Su comportamiento hace que lo vea cada vez menos digno de portar el nagamaki de mi abuelo…
El primer día pasa con Momoko siendo entrenada con el arco por su padre de una curiosa forma: Con los ojos vendados debe acertar a una diana situada en un árbol a varios pasos de distancia. ¡Desde luego no es prudente acercarse a ella sin antes advertírselo a la Tsuruchi! Momoko pasa prácticamente todo el día empeñada en la tarea impuesta por su padre. Yo practico mis katas a una distancia prudencial del alcance del arco de la Avispa. Al atardecer Tsuruchi Ran sale al encuentro de su hija diciéndole que en breve se servirá la cena y que vaya en busca de su padre, al que no ha visto en todo el día. Este comentario hace extrañarse a la joven Momoko ya que su padre no le dijo en ningún momento que se fuera a marchar por ningún motivo. Inquieta, empieza a buscarlo, tarea a la que me uno. Tras preguntar a varias personas y ver que nadie sabe dar razón de él, empiezan a saltar todas las alarmas. Aviso a Asako Matsumoto. El Kitsune se nos une en nuestra búsqueda. No queda sino interrumpir el retiro espiritual del Shiba para que nos ayude.
En nuestro empeño por encontrar alguna pista del padre de Momoko empezamos a rastrear el bosque. Adentrándonos en la espesura damos con un punto en el que se aprecian claramente signos de pelea: ramas tronchadas y distintas huellas en la tierra. Hasta seis caballos pueden contar los rastreadores. Las marcas de caballo parten hacia el sur. Sin mayor pérdida de tiempo nos pertrechamos y partimos a la carrera en la dirección indicada. Mantenemos el rumbo sur durante bastante tiempo. Momoko nos indica que allí hay un pequeño poblado; tal vez se dirijan ahí. Pero no. Salimos de este bosque y poco antes de llegar a la villa el rastro tuerce hacia el este. Dama Amateratsu empieza a despuntar delante nuestra. La Tsuruchi nos dice, a nuestras preguntas, que no sabe de nadie que le pueda desear mal a su padre, que no sabe a qué es debido este ataque. Tal vez a partir de ahora la Avispa reconsidere el tener guardias patrullando por sus tierras…
A pesar del cansancio aguantamos con bastante entereza nuestra persecución. La pista nos dirige de nuevo hacia el interior de otro bosquecillo, siempre hacia el este. Seguimos avanzando a buen ritmo. Conseguimos ver entre la maleza una pequeña cabaña de las que utilizan los heimin para resguardarse en el caso de que sus deberes les lleve demasiado lejos de sus casas y no puedan regresar antes de que caiga la noche.
Movimiento. Hay movimiento en los alrededores de la cabaña. ¡Frenético! Nos han visto. Shiba Nabutaro y yo misma desenvainamos nuestras armas y nos acercamos a la carrera. Silbidos característicos se nos acercan con la velocidad de... flechas! ¡Tienen arqueros apostados que defienden la huida del resto del grupo! Una flecha va a impactar justo en el tronco del árbol que Nabutaro acaba de dejar atrás. Otra flecha viene directa hacia mí. No voy a poder… Impacta. A pesar de mi armadura se me clava en el pecho. Es un dolor punzante que me hace hincar las rodillas en el suelo. Aun así creo que no se ha clavado demasiado… Mis compañeros siguen corriendo hacia la cabaña, con más precaución ahora; están advertidos de la presencia de los arqueros. Dejo la katana en el suelo, a mi lado. Necesito ambas manos libres. Con la izquierda aguanto firmemente la flecha lo más cerca de mi pecho que puedo. Con la derecha, con un gesto rápido y rotundo, parto el asta. Liberada al menos de momento de la incomodidad del asta sobresaliente vuelvo a coger mi katana dispuesta a reanudar la carrera. Justo antes el Kitsune, que está cerca de mí, me pide que me espere un momento. Lleva un pergamino en la mano que se apresta a leer. No entiendo mucho de la magia de los kami, sólo sé que, una vez terminada la invocación, un halo dorado me rodea. El Kitsune me dice que me protegerá en la batalla. Se lo agradezco con un simple asentimiento de cabeza antes de salir corriendo. Me encuentro con que mis compañeros ya están luchando cuerpo a cuerpo contra los arqueros y me uno a ellos para terminarlos rápidamente. Notamos que los arqueros no tienen ninguna clase de ropas ni mon distintivos. Ronin. Tras breves instantes seguimos avanzando hacia la cabaña. Los últimos bandidos huyen a galope. También son ronin Ante la imposibilidad de ir ya tras ellos decidimos entrar en la cabaña. Tal vez…
No recuerdo quién de mis compañeros es el primero en entrar en la pequeña cabaña pero lo hace con el ímpetu suficiente como para ganar un primer asalto en caso de haber alguien apostado dentro para atacarle. No es así. En lugar de ello hallamos al padre de Momoko atado y sentado en una silla con evidentes signos de haber sido golpeado. Respira. Está inconsciente. Sentimos todos que hemos llegado a tiempo, que todo el esfuerzo no ha sido en vano. El ishiken-do se apresura a examinar las heridas las cuales, gracias a las Fortunas, nos dice que no son graves. Aliviada, me dejo caer en lo que parece ser un camastro. Es entonces cuando Asako Matsumoto repara en la parte de la flecha que todavía sobresale de mi pecho. Se acerca para examinarla, con gran cautela y respeto. No creo haberlo visto tan nervioso en ninguna de las otras curaciones que ha llevado a cabo. Finalmente, tras un momento de concentración, extrae la punta de la flecha con suma precisión y delicadeza. “-Ya está. Cicatrizará bien. No dejará marca.” Sonrío. Sé que lo ha dicho con la mejor intención pero no es a una dama de la Corte a quien está tratando de una herida de flecha sino a una Matsu...



Comments (2)
¿Para qué querrían interrogarlo?
¿Y de qué película es el samurái con el gato?
La película es "Neko Zamurai": http://www.imdb.com/title/tt3185154/
Y respecto a la primera pregunta, me temo que tendremos que esperar un poco para saberlo, Runeblogger-sam... ;)