Mi nombre es Toku Buntaro. Soy un bushi de la familia Toku, del pequeño Clan del Mono.

Escribo estas letras de camino de vuelta a mi tierra natal tras haber pasado el invierno en la Corte del palacio Gisu, en tierras del Clan Fénix. Escribo estas letras pensando cómo explicar a mi familia y a mi clan que les he fallado como samurái. Pero no por temor a su enfado. En el fondo sé que, de un modo u otro, no les sorprenderá mi decisión. Escribo estas letras para ofrecérselas a los kamis cuando llegue el momento oportuno y que me guíen en mi nuevo camino.

Es curioso cómo las Fortunas nos guían Quién podría pensar que pasar tres meses encerrado con samuráis desconocidos me haría abrir los ojos a la realidad. La realidad que mi corazón siempre supo. No soy digno de llevar una katana. Y ellos no son dignos de mis servicios.

Shinjo Gidaju, Isawa Tomo, Akodo Ryuden, Shiba Kazuma y por supuesto Otomo Yoroshiku… solo son cinco nombres entre muchos. Pero cinco nombres rodeados de muchos más samuráis que danzan y revolotean a su alrededor. ¿Por lealtad? No. Son iguales que ellos. Samuráis. “Los que sirven”. Nos lo enseñan bien de pequeños para adiestrarnos. Para no dudar de sus órdenes y obedecer ciegamente.

Yo lo he hecho. Pero he tenido la suerte de hacerlo para alguien digno de servir. Pero los que sirvo, a su vez, sirven a esta gente que he empezado a odiar. No quiero odiar. Ni siquiera a ellos. No se merecen ni eso por mi parte.

En tres meses de Corte, encerrado y observando su comportamiento, he visto mas crueldad que “Compasión”; poco “Coraje” para enfrentarse a lo injusto; hipocresía disfrazada de “Cortesía”; caprichos personales, acatados por sus marionetas por el “Deber”; ¿”Honestidad”? Solo en las cocinas; orgullo en vez de “Honor”; y mentiras, muchas mentiras ocultas por la “Sinceridad”

Niban tenia razón. Quizás su camino no fue el más propicio. Pero en el fondo tenía razón en sus palabras. Nos utilizan hasta que ya no les servimos. Yo no dejaré que pase eso. Y no dejaré que por mi culpa sufra mi familia y mi clan…

Hago este viaje acompañado por algunos de los samuráis que conocí en la Corte. No les diré nada de mis intenciones, pues sé que no comparten mis pensamientos. Quizás algún día vuelva a encontrarme con ellos. Aunque espero ser otra persona para entonces.

Debo reconocer que quizá eche de menos a la Tsuruchi y al tensai del Vacío. Son bastante particulares. A los otros dos, la Matsu y el Shiba, no. Son más de lo que vi en la Corte. Llegarán lejos en sus familias. Pero me despediré de ellos como es debido. No les deseo mal alguno.

Cuando llegue a casa me reuniré con mis padres. Pediré que se hagan cargo de Tomoe. Haré que Tora vuelva con su familia. Después relataré con pelos y señales todo lo acontecido en la Corte. Pediré perdón por haber dejado que mis sentimientos interfirieran en alguna de mis decisiones. Pero al menos creo que no habrá ninguna represalia en contra de ellos por mis actos. No es gran cosa, pero dado lo acontecido y mi inexperiencia en la corte, casi es una victoria. Y por último les diré lo que no querrán oír. No puedo seguir siendo samurái. Mi lealtad y mi alma está con el pueblo, con los indefensos. Sin las ataduras del bushido. No les gustará. Sé que intentarán convencerme. Pero la decisión esta tomada. Confío en que madre hable a padre y lo calme. Creo que ella siempre supo que mi camino no era el de ser un bushi. Entregaré el daisho de mi abuelo; seguramente se lo darán a la pequeña Kazue cuando pase su gempukku. Lo usará mejor que yo. Entregaré la katana de Niban. No sé qué harán con ella, pero mi padre sabe apreciar una buena arma. Y después, cuando me lo permitan, partiré a las montañas en busca del templo, pediré que me acepten y me afeitaré la cabeza.

Allí cogeré este pergamino. Lo quemaré para que los kamis del fuego me ayuden a olvidar mi pasado. Lo apagaré, para que los kamis del agua me ayuden a limpiar mi alma. Esparciré las cenizas al viento, para que los kamis del Aire me liberen de la pena y los pecados cometidos. Y por ultimo enterraré esas cenizas para que los kamis de la Tierra me ayuden a renacer como una persona nueva y mejor.


Comments (1)

On 15 de junio de 2016 a las 0:15 , Shosuro Mariko dijo...

¡Precioso relato, Tigre Blanco! :_)