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"Yo no tengo Karo, mi Karo es la muerte."
Daymio de un pequeño territorio a orillas del Lago de la Orilla Blanca, se trata de un hombre de una avanzada edad, de gran seriedad y reputada eficacia en sus deberes.
Se le asingnó el honor de transportar y recopilar los pergaminos que se entregarían al ganador del festival Setsuban, para ello elaboró una estrategia de mercaderes de pieles y una caravana para pasar desapercibidos. Sus hombres sufrieron de una enfermedad que los dejó indispuestos para continuar sus tareas, ante lo que solicitó ayuda a Isawa Oruko, un magistrado con el que había trabajado anteriormente en tierras del clan Fénix. Éste, a su vez, le asignó el único yoriki de que disponía en ése momento y varios samurai de confianza.
El viaje hasta el templo del Ki-Rin sin embargo se vió enturbiado por el robo de los pergaminos ante lo que Shinjo Gidaju invitó a los samurai a restablecer su honor para que nadie se enterase.
Tras restablecer su honor y sus deberes, invitó a los samurai a la corte de invierno junto a él en agradecimiento.
"Daría mi vida por mi deber y mi señor."
Asignada como yojimbo de Shinjo Gidaju, ha jurado proteger el honor de su señor con su vida. Esta alegre y agradable Unicornio creció en sus tierras junto con sus hermanos. A lo largo de su vida siempre le ha gustado viajar como a Shinjo y todavía hoy siempre que el deber se lo permite se escapa tan solo con un caballo durante unos días para perderse, realmente disfruta visitando lugares que no conoce y tal vez por ello solicitó ser yojimbo personal del Daimyo Unicornio cuando le asignaron la custodia del premio para el festival Setsuban.

Una vez en el festival Setsuban se disgustó en sobremanera cuando se enteró que los samurais asignados para el viaje de la caravana donde iban ocultos los pergaminos del premio habían fracasado, habían dejado que les robaran en sus narices. Aun así, pudo acompañarles para arreglar el entuerto, unos simples ronin y una aldea de campesinos no se interpondrían en restaurar el honor de su señor y así fue, aquello compensó el fracaso que habían cometido, por lo que internamente les perdonó y trató de conocerlos mejor, dado que iban a pasar la tranquila corte de invierno todos juntos.